Una web parada no se queda como estaba. Se va rompiendo sola, por partes, y casi siempre se nota en la peor semana del año.
Lo que se estropea sin que nadie toque nada
El gestor de contenidos, sus extensiones y la versión de PHP del servidor van cambiando por debajo. Una extensión que su autor dejó de mantener deja de funcionar con la versión siguiente, y a veces se lleva por delante media página. Nadie ha tocado nada y la web ya no es la de ayer.
El formulario que ya no envía
Es el fallo más caro y el más silencioso. El formulario sigue ahí, el visitante lo rellena y ve el mensaje de gracias, pero el correo no llega a ninguna parte. Se descubre semanas después, cuando alguien pregunta por qué no le contestasteis.
El candado del navegador
El certificado de seguridad caduca y el navegador enseña un aviso a pantalla completa antes de dejar entrar. Quien está buscando dónde comer esta noche no lee ese aviso: vuelve atrás.
Por qué se nota en agosto
Porque es cuando entra más gente y cuando menos tiempo hay para mirarlo. Una web caída en temporada baja son visitas perdidas; en plena temporada son reservas.
Lo que cuesta tenerlo al día
Copias diarias, actualizaciones y vigilancia. Si tu web cae un sábado de agosto, lo vemos antes que tú y lo arreglamos nosotros. Sin permanencia: si un mes no te aporta, lo paras con un mensaje, y la web es tuya con sus accesos y sus copias.
Qué mirar si hace mucho que no tocas la tuya
Envíate a ti mismo el formulario de contacto. Comprueba el candado. Abre la web en el móvil de otra persona. Con esas tres cosas ya sabes si tienes un problema. Si prefieres que lo llevemos nosotros, esto es el mantenimiento web.